
Por iniciativa del grupo Emaús, el sábado 31 de mayo, terminando la misa comunitaria con Joaquín, se realizó el Conversatorio "Mujer y Género en la vida diaria y en la Iglesia", que partió de las reflexiones que se había compartido al interior del grupo y que se ampliaron entonces al resto de la Comunidad. Unos 25 comunos de casi todos los grupos estuvieron presentes. Emaús aportó algunos casos de discriminación y violencia hacia las mujeres, recogidos de la vida diaria, a partir de los cuales se abrió la discusión desde lo cotidiano, preguntando: ¿cómo esos casos nos interpelan? ¿Qué nos dicen? ¿Cómo vivimos esas situaciones ennuestras familias, en nuestro barrio, en nuestra comunidad?
El espacio que se abrió con la discusión permitió dar testimonio de que mujeres y hombres, de distintas generaciones (estuvieron comunos desde Siquem hasta Iniciación), nos vemos y nos escuchamos con atención y vamos construyendo juntos comunidad. También se constató que la violencia de género está en nuestras vidas, en las diversas generaciones y que adquiere múltiples formas, y ahora también está muy presente en las redes sociales.
A partir del compartir, se pudo mostrar que las situaciones de acoso y violencia no han disminuido, sino que se han adecuado a tiempos modernos. Las situaciones de acoso en mujeres son muy comunes; en el caso de los hombres, si bien se dan en menor frecuencia, también están presentes, pero es algo de lo que los hombres no suelen hablar. Se añadió que desde pequeños muchas veces no tenemos decisión sobre la cercanía física con otras personas como si nuestro cuerpo no nos perteneciera. También se reconoció que dentro de la comunidad a veces se dan pequeños gestos que transmiten relaciones de poder y de desigualdad.
También se recordó que la comunidad inició con un grupo solo de hombres y que luego llegaron las primeras mujeres cuya participación fue esencial para construir nuevas formas de ser comunidad. Finalmente se habló del rol de la mujer en la Iglesia, se comentó que como institución es patriarcal, por lo que es clave tomar conciencia de que la Iglesia la conformamos todas y todos y que, si se quiere cambiar el rol de la mujer en la Iglesia es necesario empezar por los cambios desde la cotidianidad.




