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Francisco y Bartolomé: “Que Dios nos ayude a salvar su Creación” - El Papa y el Patriarca ecuménico de Constantinopla firman juntos el mensaje en ocasión de la Jornada de Oración por la Salvaguardia de la Creación. Recuerdan que los primeros que pagan la devastación del medio ambiente son «los pueblos más vulnerables» y los que viven en la pobreza «en cada rincón del planeta». Llamado a los potentes: «No puede haber una solución a la crisis ecológica si la respuesta no es concertada y colectiva» 

(tomado de Vatican Insider)

El evangelio de hoy domingo (27 de agosto de 2017) es un texto muy citado y muy bonito. Se trata de la famosa pregunta de Jesús por su identidad. “¿Quién dice la gente que soy yo?” Si uno medita el texto, puede desarrollar varias explicaciones a la pregunta. Muchos comentaristas coinciden en que la pregunta se planteaba para enseñarles algo a los discípulos, y de seguro fue así. Pero a mí también me gustaría pensar que Jesús estaba genuinamente definiendo su identidad. Y como toda identidad, esta se forma en diálogo con otros, en contraste con las identidades de otros.

 

El Cardenal Ricardo Blázquez, presidente de la CEE, que fue (y sigue siendo) colega y compañero, acaba de lamentarse ayer en Bilbao de la "sequía vocacional" de sacerdocio que padece la Iglesia católica en este país, una sequía que ha enmarcado en un contexto general de "un cierto enfriamiento cristiano".

 

Tras la muerte de Jesús, algo inesperado sucedió. Algunas de sus discípulas se dirigían a la tumba para embalsamar el cuerpo, pero al llegar fueron abrumadas por algo que no anticipaban: el cuerpo de su maestro y amigo no estaba más allí.

Me quedaron resonando varias de las ideas que intercambiamos el martes 21 de febrero entre los delegados de los grupos convocados por Juan Carlos Townsend para tratar, entre otros puntos, el tema de la formación en la Comunidad**.

Durante los últimos años, se ha puesto en debate el tema de la laicidad del Estado entre los académicos en el Perú. Lamentablemente, este debate no ha tenido la debida repercusión en la esfera de la discusión política. De hecho, en la última campaña electoral, la cuestión de la laicidad del Estado ha estado prácticamente ausente. Se entiende que sea así, pues no es un tema popular y los políticos pierden más de lo que ganarían si lo pusiesen en la agenda.  

El viernes, a la misma hora que Donald Trump juraba su cargo en Washington, el papa Francisco concedía en el Vaticano una larga entrevista a EL PAÍS en la que pedía prudencia ante las alarmas desatadas por el nuevo presidente de Estados Unidos —“hay que ver qué hace, no podemos ser profetas de calamidades”—, aunque advertía de que, “en momentos de crisis, no funciona el discernimiento” y los pueblos buscan “salvadores” que les devuelvan la identidad “con muros y alambres”.

Como señala bien Eduardo Dargent en su columna de hoy, el año termina con una arremetida conservadora que tiene como centro, para variar, el género y la sexualidad dentro de sus preocupaciones.

El 10 de diciembre se celebra, como todos los años desde 1948, el Día de los Derechos Humanos. Ocho años antes, nacería en Lima, Gastón Garatea, sacerdote de los Sagrados Corazones y luchador por la vida y la justicia en la Comisión de la Verdad y la Reconciliación (CVR). A un país puede pasarle de todo, desde un pequeño temblor, hasta un gran cataclismo; desde un simple debate de ideas, hasta un gran conflicto armado ocasionado por las diferencias.

En tres años, el papa Francisco ha revolucionado el Vaticano. Sin embargo, a sus 80 años, se le acaba el tiempo. El siguiente paso en su hoja de ruta es pensar en un sucesor que no dé marcha atrás a sus reformas cuando él desaparezca. Ya ha nombrado a 44 cardenales 'electores' cercanos a su línea de pensamiento. Entre ellos, recientemente, el arzobispo de Madrid. Crónica de una batalla por el control de la jerarquía católica.

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