2020

Año atípico para la Comunidad y para el mundo. El nuevo Consejo de Hermanos tenía poco más de un mes en funciones, cuando se declaró la pandemia y, en el Perú, el gobierno decretó una cuarentena de dos semanas que fue prolongándose por meses. La incertidumbre, el miedo, el dolor fueron haciéndose cada vez más cercanos. Los grupos de reflexión fueron refugiándose en el Whatsapp, primero, y en las reuniones virtuales poco después, convirtiéndose durante varios meses en el principal soporte de los comunos ante lo que se vivía. El Consejo de Hermanos se esforzó en velar por la unidad y, a partir de una experiencia de encuentro comunitario por Zoom, en el Día del Buen Padre, que fue rematado con una sentida oración que dirigió Pablo Espinoza, comenzó a plantearse la posibilidad de liturgias virtuales. Hacia la Semana Santa de aquel año, se iniciaban las misas por Zoom (algo absolutamente desconocido entonces y que, meses después, cundió por todas partes). Hermanos SS.CC. de todo el Perú, imposibilitados de celebrar en sus parroquias, accedieron con gusto a acompañar a la Comunidad desde Plaza Francia, Montenegro, Huaripampa. Gradualmente, se amplió fronteras y se tuvo Hermanos SS.CC. presidiendo desde Chile, Argentina y Uruguay. Muchos ex comunos reaparecieron en este espacio, buscando algún sitio donde mantener la vivencia de fe; un año después, algunos de ellos formaron un nuevo grupo: Emaús. Para Siquem, por otro lado, el 2020 fue un año de reinicio de su dinámica regular.

Poco tiempo después, se logró animar a Gastón a conectarse virtualmente -con la ayuda de Alejandro de la Casa de Jornadas y sus hijos- y, aunque no se animó a celebrar misa, sí inició la costumbre de media hora de reflexión del Evangelio. Ése también comenzó a ser un espacio privilegiado para compartir y reflexionar, en especial para muchos comunos sin grupo. 

Juan Carlos fue innovando la liturgia en este nuevo campo, hasta ese momento desconocido para la Comunidad. La experiencia se fue compartiendo luego en celebraciones de la Mesa de Movimientos Laicales o con miembros de comunidades SS.CC. de otros países. En cuanto a la articulación como Iglesia, Daniel Gushiken asumió la presidencia de la MML, promoviendo una renovación de la misma; y Juan Carlos asumió la representación de la Rama Secular en la Comisión Episcopal de Laicos, apoyando directamente en la organización y realización de la Primera Asamblea Nacional de Movimientos Laicales. Por otro lado, Xavier animó a la coordinación de comunidades laicales (que se reunían antes de pandemia cada dos o tres meses) a explotar las posibilidades de lo virtual con reuniones mensuales. En la misma línea, se animó a reuniones virtuales de los distintos sectores de la Rama Secular en Latinoamérica, hasta llegar a tener una regularidad bimensual; a estas reuniones se sumaron México y Colombia (países aún en proceso de tener Rama Secular) y la Comunidad de Madrid.

Fue también un año de sentidas pérdidas. La primera, poco antes de declararse plenamente la Pandemia, la de Pam Martínez, del grupo Oración, que impactó fuertemente a la Comunidad. Siguieron luego las de muchos parientes y amigos de mucha gente. Una vez más, el espacio comunitario y, en particular, la misa, sirvió para acompañar ya no sólo el dolor de los comunos, sino de miembros de otras comunidades y hasta de personas ajenas que solicitaban recordar a sus seres queridos en nuestras eucaristías.

Naturalmente, la pastoral quedó paralizada. Un proyecto de Programa de Confirmación, que venía siendo preparado, intentó adaptarse a la virtualidad, pero, ante la poca acogida que tuvo esta modalidad, fue finalmente cancelado. Lo mismo pasó con el trabajo en Brisas de Villa que, más allá de algunos mensajes impresos que se dejó -con el apoyo de Xavier- en la puerta de la Casa y de algún video en Facebook, quedó suspendido. Aún así, la Comunidad decidió mantener el alquiler de la casita, con la esperanza de retomar el trabajo pasada la Pandemia. Lo mismo se decidió respecto al local comuno que, con el apoyo de Mauricio Muñoz-Nájar (flamante administrador de la casa de retiro, convertida en hospicio de ancianos por un convenio con INABIF) estuvo siempre al tanto de cuidarla.

Con todo, hacia finales de año ya se percibía el cansancio de lo virtual, en tanto a esa alturas casi todos los aspectos de la vida (estudios, trabajo, encuentro con amigos, etc.) había pasado a hacerse delante de una pantalla. 

 

Consejo de Hermanos: 

Xavier Salinas (Hermano Mayor), Mona Espinoza, Bruno Espinoza, Juan Carlos Townsend